domingo, 25 de diciembre de 2011

Un barquito de papel.

Como estalactitas que caen, como algarabías que se ahogan, estoy yo en medio del mar. Perdida en lo azul intenso de una ola sin romper. No bucees si no quieres perderte mas de lo que estas.
Las gaviotas hambrientas vuelan sobre mi cabeza, buscan algún pez. Y yo me muevo, me muevo o muero.
Un barco, no es de papel, allá a lo lejos. Alusión, tal vez. No pienso, me limito a mover. No temo, pues no pienso, pero si me alegro. Hay un barco y no es de papel. La voz ya no sale, no pido auxilio. Me limito a esperar, a esperar y a mover. Cansada, del mar abundante con sus olas sin poder romper. El barquito sin cascara de nuez acercándose lo ves. Cansada de mover. Ya esta aquí, pero... ¿que pasa? ha traído la muerte consigo. Y es negra, muy negra y huele mal. Abundante y espesa, se diluye entre el mar, y peces salen, gaviotas entran, todo es muerte. Grito, me ahogo en el grito. Petroleo se desprende del barquito sin cascara de nuez, petroleo espeso, negro y abundante que trae la muerte consigo, gaviotas sin salir, peces sin huir, yo. Muerte.
Ojala el barquito fuera de papel.

2:00 en su punto.

Hundido en la miseria sin esperar nada, o tal vez esperando lo único que no es esperado por nadie.
Por nadie que se preocupe por algo.
Lluvia, ver una gota me haría feliz, saborear el húmedo reflejo en el cristal de la ventana del jardín que da al rincón mas inhóspito de la casa. Hubieron niños tiempo atrás que pisaron el lugar, esos niños ya no están.
Agua caliente, en la olla de Satan, bullía. Interminable noche, para ellos y para mi.
Atraídos como abejas por las flores, entraron sin mas. La casa renació cuando pisaron el umbral, aquellas risas tan risueñas llenas de felicidad, se las carcomió una sonrisa mayor, pero llena de maldad.
Ojala mis días se adelantaran, y las flores no marchitaran. Son tantos los recuerdos, son tantas las angustias de pensamiento. Quizás sea así sin mas que un día viene y otro se va. Pero no, se que no, ella es mala.
Se apodera de donde no hay. O yo o ellos, no hay mas. Agua caliente, en la olla de Satan, bullía.
Casualidad, tal vez? No, los atrajo ella. Lo sé.
Y aquí están, no se van. El tic tac del reloj apagado aun sigue marcando. Las 2 en punto. En su punto. No quise hacerlo, pero hoy ya no están, estoy yo. Recorrer la sangre de las baldosas de madera con el dedo me produce tranquilidad, miles de astillas colecciono ya en mis yemas. Ella ya no esta, yo ya me sacie.
Pero temo, temo porque se que volverá. Sentado en el suelo saboreo aquel remordimiento, que me ocupa mas el pensamiento que mi propia vida. Mi vida... creo que ya no tengo. ¿O si? si la tengo, no soy yo el que la perdió. Gritos de temor, gritaron por el salón. Y el agua bullía, sus pieles se desprendían con el roce del contacto, el contacto con ella. Ya no recuerdo el día que nací, no recuerdo ni porque estaba allí. Aquellos pensamientos, aquellos remordimientos lo abarcaban ya todo. Gritos ahogados. Siempre han dicho que el agua ahoga.
Y sus carnes eran buenas. Los niños del barrio no rondaran mas por sus calles, ni por las mías. Alguien se preguntara ¿porque? ... Pero claro esta, ella vino sin avisar, y yo no podía mas. O ellos o yo.
Aun degusto el gran sabor de sus carnes bien cocinadas, a fuego lento, en la olla de Satan.